El cine y audiovisual nos acompaña en el duelo
El cine, las series y el arte en general no solo existen para entretenernos, para educarnos o enseñarnos algo nuevo, sino que en ocasiones también este arte puede convertirse en un refugio cuando atravesamos momentos difíciles. El que una persona pueda verse reflejada y acompañada en el silencio, ofreciendo perspectivas y emociones que nos ayudan a sobrellevar los momentos más intensos y difíciles, cuando no hay palabras que puedan describir o respuestas que puedan consolar las emociones más arrolladoras que el ser humano puede sentir. El duelo es esa sensación, ese proceso que se vive y siente tras una perdida. Pueden existir distintos tipos de duelos dependiendo del tipo de pérdida y de cómo sea la persona que lo experimenta, pero sin duda es algo real que llega para quedarse.
No por nada considero que la serie de WandaVision y el personaje de Wanda es de lo mejor que nos ha dado el universo cinematográfico de Marvel. Lo que de primeras puede ser un producto de entretenimiento, y que en muchas ocasiones a la hora de afrontar momentos dramáticos, ha caído en clichés y en la lágrima fácil reutilizando siempre mismos patrones en tramas y personajes que terminan por no provocarnos algo real ni conmovernos del todo.
En Wanda Vision, a pesar de las irregularidades que pueda tener, nos cuenta una buena historia y en concreto en este capítulo donde Wanda debe transitar los diferentes escenarios que ha sufrido a lo largo de su vida y enfrentar esos fantasmas del pasado de frente sin poder huir o esconderlos más. Es ahí cuando llegamos a uno de esos recuerdos y vemos a una Wanda que tras la muerte de su hermano Pietro, consumida en su dolor, encuentra un lugar seguro en Vision para poder ser vulnerable y explicar la sensación desamparada en la que está estancada. El joven robot tras escucharla y verla, le muestra a pesar de su naturaleza más humanidad que cualquier otra persona ha hecho antes, y pronuncia una frase que se ha quedado grabada en muchos corazones, que puede sentirse como una reflexión esperanzadora, un pequeño rayo de luz que ilumina y reconforta tanta frustración, impotencia y dolor:
“¿Qué es el duelo, sino el amor perseverando?”
Esa idea resume de manera sencilla y profunda cómo, detrás de la tristeza, lo que permanece es el amor que sigue dentro de nosotros, algo que nunca va a terminarse porque vive enlazado a una persona de por vida, el duelo nos recuerda cuánto vivimos y quisimos y lo real que fue y que seguirá siendo.
Las etapas del duelo y las formas de vivirlas son muchas, pero si hay algo que está claro es que ese duelo una vez comienza no terminará jamás, nunca llegamos a superar una perdida, como si de una mutilación se tratase, debemos aprender a vivir poco a poco y usar el duelo como una prótesis que nos ayude a volver a caminar hacia adelante. El actor Británico Andrew Garfield habló sobre el duelo que experimentaba tras perder a su madre, y contaba que quería que ese sentimiento permaneciese con él, ya que este se trataba de todo el amor que no llegó a poder darle, pero que existe y está ahí y no debe irse ni se irá nunca.
Algo similar ocurre en la serie británica Fleabag. La protagonista se enfrenta a la muerte de su madre y confiesa que no sabe dónde poner todo el amor que todavía siente por ella. Esa confesión, tan brutalmente honesta y dolorosa, que nos da uno de los mejores momentos de la serie, refleja la confusión y desorientación que muchas veces nos ahoga en el duelo: ¿Qué hacer con ese cariño que no se apaga aunque la persona ya no esté? El dolor egoísta pero humano que sentimos, de que aún existe dentro de ti todo el amor del mundo para dar, pero la persona a la que iba dirigido ya no está físicamente para hacerlo. Es una forma poética de decir: “¿Qué hago ahora con todo este amor que me sobra?”.
En respuesta a esto, la mejor amiga de Fleabag responde: "Me lo quedo, es precioso, tiene que ir a algún lado", es un gesto de ternura y amistad. Significa que ese amor no tiene por qué desaparecer ni quedar atrapado en el vacío, consumiendo a alguien: puede transformarse, compartirse con otros seres queridos que nos rodean, y convertirse en compañía, apoyo y cariño hacia quienes siguen presentes. Es como decir: “Ese amor no está perdido; si quieres, puedes dármelo a mí, porque es hermoso”.
Como dijo Mitski, mi amor es todo mío, nada en el mundo me pertenece salvo mi amor (el que tengo dentro para dar).
El cine también nos ha dejado joyas que hablan de la pérdida desde la ternura y la esperanza. Coco, por ejemplo, nos recuerda la importancia de la memoria: que nuestros seres queridos nunca desaparecen del todo mientras sigamos llevándolos en el corazón, cantando sus canciones y contando sus historias.
Up, con su gran comienzo, sin duda de lo mejor que se ha hecho en este siglo, nos muestra cómo el duelo puede transformarse en un viaje hacia nuevas aventuras sin tener que dejar ir ni borrar lo que tanto hemos querido.
En otro registro, A Ghost Story se atreve a mostrar la ausencia desde el silencio y la contemplación: un espíritu que observa cómo el tiempo pasa tras la pérdida. Aunque dolorosa, su mirada nos invita a aceptar que el amor y la vida se transforman, pero no se extinguen.
Es importante buscar apoyo en nuestros seres queridos, que nos acompañen a pasar el tránsito y recordar que no estamos solos. También, si es necesario, acudir a profesionales que aporten herramientas que ayuden a lidiar con las emociones arrolladoras que inevitablemente aparecen.
Volviendo al tema principal de este escrito, el arte también nos puede ayudar y acompañar, nos consuela y entiende, no debemos rechazarlo ni subestimarlo, la música, la pintura, la lectura o el cine, desde lo más "palomitero" y "mediocre" hasta lo de "mayor calidad" y "trascendental" (siendo todo arte subjetivo), todo puede ayudarnos, nunca hay que juzgar ni menospreciar algo que nos haga seguir adelante.
Las series y películas no eliminan la tristeza, pero ofrecen compañía y un pequeño alivio, como un abrazo necesario. Nos recuerdan que no estamos solos, que otros también han sentido ese vacío y han encontrado formas de nombrarlo, transformarlo o simplemente aceptarlo. El arte, en sus múltiples formas, puede ser ese espacio seguro donde el dolor se convierte en memoria, y donde el amor, aunque cambie de forma, sigue teniendo un lugar donde permanecer.



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